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sábado, 10 de agosto de 2019

El cuento del Campeón y el Paquete.


Moris era un tipo bien parecido y de buena posición, logro que había alcanzado gracias a la perseverancia de su padre, que además tuvo la habilidad de mantenerse bien visto a los ojos de los demás aunque la historia de fortuna ameritaría algunas páginas.

Como  tantos otros que no se sienten cómodos con tales privilegios, Moris decidió desafiar a su padre eligiendo una actividad riesgosa y arrabalera y se metió a boxeador.

Nunca fue muy habilidoso pero aquella motivación le dio una energía por arriba del promedio.

Los astutos del ambiente pugilístico no tardaron en arrimarse al retoño, viendo la posibilidad de usufructuar la cercanía a la fortuna paterna. Le enseñaron a Moris los rudimentos de la disciplina y le consiguieron rivales que le construyeran de a poco una sólida autoestima.

Moris ganó sus primeros combates y un buen marketing hizo el resto.

En unos pocos años se quedó con la corona de su ciudad y de pronto se convirtió en una figura promisoria. Los promotores del ambiente se desesperaban por representarlo. 

Un  buen día apareció Jaime Carmela, un viejo zorro carismático, conocido por haber entrenado a campeones en las más duras batallas, o al menos así supo redactar su currrículum, lo que no es un mérito menor.

Jaime Carmela convenció a Moris de que algún día lo llevaría a quedarse con la corona nacional. Y lo hizo entrenar duro esperando el ansiado día en que le demostraría a su padre que él también podía ganarse solo el mango y la gloria.

Como si se tratara de una especie singular, se sabe que el peor lugar para un boxeador es el pedestal de la fama. Jaime Carmela olió la sangre del campeón titular cuando lo vio trastabillar un día tras otro por pelearse con sus amigos, fotografiarse quemando billetes y mostrando una cintura y una lentitud de movimientos que avergonzaban hasta a sus propios fanáticos. Y decidió que era el día de ir por su corona.

Lo convenció a Moris de que era su momento y fueron más las ganas de que mordiera el polvo la abyecta figura del Pocho Campera que la admiración por Moris lo que hizo que las tribunas anhelaran ponerle a otro el cinturón del campeón.

El combate fue duro, Moris estaba bien entrenado por un equipo eficaz pero nunca fue muy hábil. El Pocho conservaba intactas las mañas pero reaccionaba siempre un instante tarde.

Para los que gustamos del buen boxeo la pelea fue un bodrio, pero Moris la ganó luego de los doce interminables asaltos en fallo dividido por apenas un par de puntos.

Tocó el cielo con las manos y más rencoroso que agradecido le mostró el cinturón a su padre, ya muy viejo y deteriorado para darse cuenta de lo que estaba sucediendo. Y salió a festejar con sus amigotes y los nuevos amigos del campeón.

El Pocho se retiró a su hacienda del sur para no hacerse ver, porque también tenía algunas cuentas pendientes con la ley por sus populares trapisondas. Aunque ya viejo y falto de reflejos, nunca le faltaron odio ni codicia como los combustibles para prometerse el retorno a los tiempos de gloria. Yaviavolvé! se repetía una y otra vez a sí mismo y a los que todavía le prestaban la oreja.

Jaime Carmela sabía que había construido a un campeón frágil al que cualquiera que se preparara un poco podría derrotar con facilidad.

Su experiencia en el negocio le había enseñado que para mantener a un campeón con esas condiciones era imprescindible mantenerlo alerta y sobre todo, lo más importante, siempre ponerle enfrente un paquete que cuanto peor sea, mejor. No sea cosa que el Diablo meta la cola, justo en un ambiente por los que suele rondar.



Fue así como Jaime se propuso mantener viva la ilusión de revancha del Pocho, que nunca dejó ya de ser un boxeador decadente, acostumbrado a ganar con trampas y otras tramoyas de las que se realizan fuera del cuadrilátero. Varias maniobras y combates arreglados le permitieron acceder al desquite.

Pero al mejor cazador se le escapa la liebre. No le fue fácil al señor Carmela mantener alerta a Moris, que no cumplió muchas de sus promesas de las que hacen a la disciplina de un buen deportista. A veces la autoestima es el peor consejero cuando se pasa de esa fina raya que tanto cuesta identificar.

Estamos a pocas horas del combate. Pocos creen en la balanza que muestra el peso de dos púgiles cuyas fotos tienen que ser retocadas y los directores de cámaras de la TV hacer malabares para que parezcan algo más o menos decente a los ojos de los espectadores.

Jaime Carmela arregló con la Señora para sobrestimular los sentidos de sus seguidores y que el nuevo fiasco parezca el Combate del Siglo. Hizo su trabajo de manera impecable y le puso enfrente a su pupilo al peor paquete que podría enfrentar.

Los diarios del lunes volverán a hablar maravillas de uno de los dos peores boxeadores de la historia.

Todos tienen que seguir viviendo.

sábado, 3 de agosto de 2019

Elecciones. Los funerales de la democracia.


Voté por primera vez a los veinte años. Fue en 1983. Luego voté chiquicientas veces más pero nunca sentí la algarabía que se supone que hay sentir según predican las Talking Heads de la televisión o las voces de la radio.

Tampoco veo el reflejo de la fiesta cívica en la cola del comicio. Más bien, la gente concurre resignada y su talante refleja más el fastidio que el gozo.

Este sentimiento no es casual. En primer lugar, es muy difícil sentirse a gusto donde uno está obligado a concurrir, pero esto dista mucho de ser lo peor.

La democracia ha dejado de ser, si es que alguna vez lo fue, el gobierno-del-pueblo como dice su significado etimológico para pasar a ser un sistema donde una elite legitima sus privilegios.

Gobernar es conducir, dirigirse hacia algún lugar. En este sentido, es difícil pensar que millones de personas nos pongamos de acuerdo hacia dónde ir, a menos que eso se trate de decidir unas mínimas pautas de comportamiento que posibiliten la convivencia pacífica que, básicamente, se sintetizan en dos cosas: respetar la vida ajena y, su lógica consecuencia, respetar la propiedad ajena, siendo que la propiedad no es otra cosa que el fruto del trabajo propio, una extensión de la propia persona.

No es necesaria la democracia para que alguna autoridad se ocupe de hacer cumplir estos mandatos para que podamos convivir. Un monarca autolimitado bien puede servir a este propósito si cuenta con la fuerza para reprimir a los transgresores.

Pero resulta que los monarcas casi nunca se han autolimitado. Porque cuando cuentan con suficiente fuerza como para reprimir a los transgresores se dan cuenta que pueden utilizar la misma fuerza contra los que tienen que defender para quitarles sus bienes o para atacar a poblaciones vecinas.
Por esos abusos las poblaciones se han rebelado de tanto en tanto, y el poderoso se ha visto obligado a ser más astuto para evitar tales rebeliones y para que le resulte más económico someter a los demás, porque el uso de la fuerza requiere de muchos recursos.

Si la solución al poder absoluto ha sido el surgimiento de democracias constitucionales (donde constitución es igual a acuerdo básico de convivencia) la respuesta del poder absoluto ha sido diseñar modos de representación de la población que legitime tal poder. 


 Así como tenemos marcado a fuego en nuestros cerebros que la democracia es el gobierno del pueblo también tenemos registrada de esa manera la condición de que "el pueblo no delibera ni gobierna... sino por medio de sus representantes".

Entonces, uno puede comprender que quien determine el modelo de representación encontrará la manera de dominar a los demás. Hay en el mundo más de 190 países y todos se consideran democráticos -sugiero ver esto al respecto https://www.youtube.com/watch?v=k8vVEbCquMw&feature=youtu.be-.

Siempre recuerdo que no entendía la diferencia entre las dos Alemanias. ¿Por qué estaban divididas si las dos eran democráticas? Los autoritarismos más variados se reivindican como democráticos. ¿Acaso mienten? Si el pueblo gobierna, se autogobierna, por medio de sus representantes, basta con que alguien se haga elegir en elecciones para que nadie le pueda negar su legítima representación de los intereses del pueblo.

Enseguida podrá notarse que con este mecanismo se pueden crear regímenes que presuman de democráticos mientras vulneran en forma permanente los derechos de los individuos. Por esta razón, los Padres Fundadores de los Estados Unidos previeron estrictos límites constitucionales a los gobernantes -la separación de poderes es una forma de hacerlo- , para que sólo pudieran ocuparse de gobernar sobre temas de interés común dejando los más amplios márgenes posibles para la libertad de los ciudadanos.

En efecto, todos somos diferentes, perseguimos distintos fines a lo largo de nuestras vidas y no hay modo de que todos queramos lo mismo. Por lo tanto, ningún sistema de representación puede representar eso.

No obstante, a pesar de estas previsiones, los gobiernos se han arreglado para manipular el sistema electoral para que el voto de los ciudadanos termine legitimando los intereses de la elite gobernante. La escuela de Public Choice se ha ocupado y se ocupa de estudiar en profundidad estos mecanismos.

Tu voto no es tu elección.

Como brillantemente explica Martín Krause acá: https://www.youtube.com/watch?v=kzNAE07jAgA , uno puede ir al supermercado y elegir los productos que desee, pero no puede hacer lo mismo con la oferta electoral, allí sólo está permitido optar por algunos partidos políticos y, finalmente, por sólo dos de ellos. Si no le gusta lo que le ofrecen los partidos existentes, puede embarcarse en la quimera de construir un nuevo partido. Quienes lo han intentado podrán dar cuenta de la titánica dificultad de esa tarea. El sistema electoral está amañado para que nadie que no pertenezca a los partidos establecidos pueda prosperar. A los candidatos no les preocupan los intereses de sus votantes, ellos saben que no quedará otra alternativa que votar a uno u a otro, pues los votos son de ellos, ya los tienen, y su preocupación está en no perderlos, por eso evitan hacer manifestaciones que puedan disgustarle a parte del electorado o asumir compromisos que no están obligados a asumir. Si el voto es obligatorio ni siquiera uno puede disentir con todos, porque también los votos en blanco son descartados.

El debate de ideas, sangre de la democracia, está ausente. En su lugar, aparecen mensajes imprecisos, expresiones voluntaristas, siempre construidos con lenguaje épico: "sabemos lo que vos necesitas", "confía en nosotros", "todos juntos derrotaremos a ..."

No existe el debate porque no puede haberlo. Todos aspiran a lo mismo, manejar los dineros obtenidos de la expoliación a los contribuyentes, para obtener sus propias ventajas.

Gastan enormes sumas de dinero sólo para parecer confiables a los ojos de los electores, financian con ello la actividad de encuestadores, medios de comunicación, asesores, publicistas y afines; a un costo que se verá recompensado con el manejo a discreción del dinero público si resultan ganadores.

La sociedad que percibe este mecanismo también quiere participar del expolio y forma sus propios grupos de presión: grupos que juntan pobres y los utilizan de arietes para conseguir rentas sin ofrecer nada a cambio, o sólo ofrecen no convertir en un caos la vida en las ciudades, gremios de la actividad que sea que buscan privilegios particulares, pseudo empresarios que coimean a funcionarios para preservar sus ganancias de eventuales competidores, etc.

Todos estos movimientos se legitiman con un cuerpo legislativo que torna legal lo ilegítimo y deja al margen de la ley al que no quiere hacer otra cosa que vivir de su propio trabajo sin que se le quite más de la mitad de lo ganado.

Pronto la sociedad se compone por un 80% o más de menesterosos y burócratas que son mantenidos con el esfuerzo de los pocos que quedan tratando de mantener su dignidad.

En síntesis, en las elecciones estamos obligados a elegir propuestas que no nos representan, a representantes que no hemos elegido y apenas conocemos y a quienes les daremos amplios poderes para influir en nuestras vidas.

Será por eso que las elecciones me parecen más un funeral que una fiesta.

jueves, 23 de mayo de 2019

Las regulaciones, la enfermedad silenciosa.


La democracia ha devenido en una carrera por la obtención de privilegios.


“Si no estás en la mesa, estás en el menú”. Willy Kohan



Aún son controversiales las teorías sobre el origen del estado. Desde el célebre trabajo de Franz Oppenheimer son muchos los autores que han trabajado sobre la hipótesis de su origen predatorio, opuesto a la teoría contractualista.


Como sea, la primera función del estado moderno es brindar seguridad a los ciudadanos – algo que también los reyes daban a sus súbditos- frente a los ataques externos y frente a ataques internos a la integridad física, con matices, cada vez más atenuados, respecto de la seguridad de la propiedad privada.


El paso de súbditos a ciudadanos libres dado en la modernidad se basa en el principio de que el individuo es propietario de su cuerpo y del fruto de su trabajo, de los que dispone libremente para su intercambio con los demás. Bajo este principio, el estado sólo debe ocuparse de lo que las familias no pueden ocuparse por sí mismas. La consecuencia del respeto del principio de propiedad es la explosión de riqueza que la humanidad y Occidente en particular experimentaron en los últimos doscientos años.


No obstante,  de a poco se ha ido imponiendo la idea de que el estado debe proveer determinados servicios como salud y educación, fundamentados en turbios principios de igualdad y de construcción de nacionalidad, principalmente. 


Por otra parte, no resulta tan sencillo desembarazarse de la estratificación de las sociedades feudales. Las incipientes sociedades liberales y capitalistas incorporan, sobre todo por la vía de las regulaciones, algunos privilegios de casta del antiguo orden.


Cuando la velocidad del progreso y la movilidad social producto de la innovación son tan abrumadoras como lo fueron durante los siglos XVIII y XIX se le da poca importancia a los privilegios de unos pocos, por su escaso peso relativo en la economía. A partir del siglo XX la presión estatal se torna cada vez mayor. La utopía comunista se encarna en algunos países y otros toman varios de sus principios para justificar la intervención de los gobiernos en la vida social.


Amparados en el discurso de la defensa del bien común los gobiernos intervienen de forma cada vez más amplia y contundente, limitando la libertad y los derechos individuales. La creación sin límite de impuestos y el aumento de sus alícuotas, la intervención sobre la creación del dinero y el abandono del patrón oro son los ejemplos más claros del ataque a la propiedad. Pero esto no puede hacerse sin el respaldo de los sectores más poderosos, pues son estos agentes los que, o bien se transforman en gobernantes, o bien los que brindan el apoyo económico necesario para encaramar a sus representantes en posiciones de gobierno, o bien influyen para obtener beneficios particulares de las regulaciones.


Este proceso transforma la vida social no en una lucha de clases, como sostienen los marxistas, sino en una lucha de castas, como apunta Mises: la de los que viven de su trabajo y las de los que lo parasitan –desde supuestos empresarios que no son capaces de sobrevivir en un ambiente competitivo hasta empleados públicos que pasan su vida laboral sin alcanzar a saber para qué sirve la tarea que realizan-.


Los políticos, para mantener sus ventajas y las de  quienes los sostienen desarrollan la astucia para favorecerse del mecanismo de diluir los costos entre muchos y concentrar los beneficios en unos pocos, enredando en tal maraña a casi toda la sociedad, de modo de que para cada uno sea difícil calcular si entrega más de lo que recibe o viceversa.


La democracia ha devenido en una carrera por la obtención de privilegios. La sociedad prefiere la seguridad de un mendrugo obtenido a costa del esfuerzo ajeno antes que lanzarse a la aventura de conquistar su propio futuro. Pura racionalidad, el costo de rebelarse es infinitamente mayor al de adaptarse al entorno.


Los burdos casos de corrupción por más vergonzantes que sean no constituyen el mal mayor, pues se encuentran al margen de la ley y son eventualmente penados, aunque más no sea, por la condena social. El verdadero daño lo producen las regulaciones, pues se convierten en la garantía de los privilegios. Una vez que un privilegio se convierte en ley, es imposible su derogación.


La creación espuria de dinero y la consecuente inflación, el endeudamiento, la ampliación de los impuestos y sus exenciones, la manipulación de las tasas de interés, la protección de grupos especiales, la legislación laboral, el sistema previsional y las más variadas regulaciones a las que se suma la burocracia que se crea para sostener todo este andamiaje le dan un barniz de legalidad a lo que simplemente es la transformación del ingreso privado productivo en ingreso privado rentístico.


Los pocos economistas que denuncian el nivel insostenible del gasto público son desafiados por los políticos a presentar ideas de cómo reducirlo sin causar el más mínimo malhumor social que haga peligrar su posición.


Tómese el trabajo de revisar todas las normas que existen para la actividad que realiza y notará que inevitablemente benefician a un grupo en particular, como una inmensa muralla infranqueable para quien se atreva a desafiarla, tanto para salir como para entrar.


Quien tenga la idea de crear una empresa pronto sucumbirá ante la presión impositiva que ejercerán sobre su negocio el gobierno municipal, provincial y nacional, los sindicatos y las regulaciones con las que todos ellos se entretienen modificando permanentemente; convirtiendo al audaz en un esclavo de todos ellos.


El resultado de este proceso es una sociedad en decadencia, enemistada por intentar terminar con el privilegio ajeno sin renunciar al propio y condenada a no salir de tal atolladero.



Dijo el historiador Tito Livio,  a propósito de la caída del Imperio Romano: “no podemos soportar ni los vicios, ni sus remedios.”

jueves, 28 de marzo de 2019

¿Estafa o genocidio?


Una de las máximas de la política indica que un político hábil capitalizará para sí todos los aciertos y tratará de traspasar a otros la culpa por sus errores u omisiones, o los convertirá en cómplices.
Si esta consigna se cumple, estamos rodeados de políticos habilidosos.

En junio de 2009 Bernard Madoff fue condenado a 150 años de cárcel por haber estafado a sus clientes por un monto mayor a los 55 mil millones de dólares mediante el método Ponzi.

Sus hijos, que vivieron largo tiempo de la fortuna amasada por su padre no fueron culpados, pero murieron en los años siguientes de forma trágica, uno de ellos se suicidó y el otro murió por leucemia. Pagaron caro el escarnio.

“Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) la población mayor de 60 años entre  2000 y 2050 pasará del 11% a representar casi el 22% a nivel mundial, así para 2050 existirán más de 2000 millones de adultos mayores. También se prevé un aumento de la población mayor dependiente, que se estima se multiplicará por cuatro. Esta situación estará acompañada de más población mayor que demandará una rápida capacidad de respuesta así como mayor atención y cuidado permanentes  dadas sus limitaciones físicas y mentales. Según estimaciones de la CEPAL para el año 2000 la relación de dependencia de adultos mayores ([Población de 60 años y más/ población de 15-59]*100) en América latina era de 13. y para el 2050 se estima que llegue al 39.3.”  (https://blogs.iadb.org/salud/es/servicios-socio-sanitarios/)

Ni los sistemas previsionales ni sanitarios de gran parte de los países de occidente y de la Argentina en particular están preparados para enfrentar este problema que es mucho más inminente que los provocados por el cambio climático.

Los gobiernos ingresaron en una vorágine demagógica que no permite establecer objetivos más allá de las próximas elecciones

Los instrumentos de ahorro son desincentivados a la misma velocidad con la que se elimina la responsabilidad individual por la vida a cambio de una competencia colectivista por privilegios.

No hay argentino vivo que no haya sido estafado por el sistema previsional, sin embargo, son pocos los que piden su cambio. Habrá que concluir que son negadores compulsivos de una realidad que les disgusta o que esperan esquilmar a otros tal como los esquilmaron a ellos, como quien hace circular un billete falso.

En forma paralela al default previsional transita el “default humanitario”. Las familias se desentienden de sus ancianos dependientes para internarlos en residencias o contratan el servicio de cuidadores domiciliarios que ni siquiera quieren pagar, trasladando sus costos a los sistemas privados de salud, conducta que los jueces avalan cotidianamente.

El Estatuto de Roma define como genocidio, entre otras situaciones, a esta:  “ Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial” (Estatuto de Roma, Art 6 inc C); y califica tal conducta como crimen de lesa humanidad.

Tal vez no haya crimen cuando los criminales son más que las víctimas.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Vamos por Todo (el Universo Paralelo)

Luego de su triunfo en las legislativas de 2013, la doctora Fernández de Kirchner ha logrado que su parlamento apruebe por mayoría la reforma a la constitución nacional, permitiéndole la reelección indefinidamente, noticia que el 51% del pueblo ha recibido con emoción y con la esperanza de que nunca en el futuro nadie le podrá quitar lo obtenido.
En los dos últimos años ha planificado todo cuidadosamente.
Luego de su indudable triunfo en las elecciones presidenciales de 2015 se ejecutarán las medidas que llevarán al pueblo argentino a disfrutar de la democracia más plena.
Serán inmediatamente removidos los últimos obstáculos de la democracia burguesa que han impedido la felicidad de su pueblo.
La justicia será formada por tribunales populares que reflejarán los resultados de las urnas. Nunca más habrá fallos en contra de los intereses del pueblo (que se forma por la mayoría y que la líder interpreta en forma inexorable).
La mal llamada prensa independiente será un recuerdo del pasado, ya no será financiada por buitres externos ni internos. Sólo quedará la prensa que defienda los intereses del pueblo, que no son otros que los de su líder, pues son la misma cosa.
Se cerrará la importación de cualquier bien extranjero pues es el trabajo nacional el que hará la grandeza de esta nación.
Para conseguir los bienes que aún no se fabrican en el país, se expropiarán los granos y la tierra a los oligarcas, pues nada es superior al interés del pueblo.
El comercio exterior será administrado por la secretaría creada para tal fin, siendo el estado el único habilitado para ejercer esta actividad.
Se invitará a todos los particulares a que cambien sus dólares o su oro por pesos, ya que el interés nacional sólo admite el uso de una moneda propia. Se detendrá a quien sea descubierto con moneda extranjera luego del periodo habiltado para el canje.
El comercio ilegal de moneda será considerado traición a la patria.
El Banco Central financiará las necesidades del tesoro nacional y su único objetivo será mantener el pleno empleo.
Estárá prohibida la publicación de cualquier estadística por parte de entes privados, pues sus resultados terjiversan la realidad y no tienen la capacidad técnica que tiene el estado para elaborar esta sensible información.
Los precios de las mercaderías serán regulados por la secretaría de comercio interior, bajo estrictos criterios de justicia social.
Cualquier comerciante que acopie o comercie en forma ilegal será juzgado por traición a la patria.
Si hubiera bienes o servicios que no se produzcan en el país, el estado nacional acordará con naciones amigas su provisión o producción, reservándose las condiciones de estas estratégicas negociaciones, que por razones de política internacional deberán permanecer en secreto.
Los salarios subiran hasta alcanzar el deseado "0" en el índice de Gini. Se hará realidad el principio de "de cada quien según su capacidad a cada quien según su necesidad".
Si algún empresario dejara de producir bajo el argumento de que su negocio no es rentable, deberá entregar la empresa a los trabajadores, pues el trabajo constituye un bien social y no podrá regirse por las reglas de la economía de mercado.
Los impuestos serán regulados y recaudados por el gobierno nacional que repartirá a las provincias de acuedro a criterios de equidad que oportunamente se establezcan.
El estado nacional podrá disponer de las viviendas de aquellas personas que posean más de una vivienda familiar para entregarlas a las familias que las necesiten. Nunca más la vivienda podrá ser un instrumento para la especulación.
El ministerio de educación establecerá las curriculas de todas las carreras en todos los niveles educativos. Sólo podrá enseñarse aquello que sea conveniente a los intereses nacionales.
Las escuelas deberán asegurar que todos los niños en edad escolar aprueben las materias y obtengan sus títulos a la edad establecida.
Los medios de comunicación no podrán emitir programación extranjera.
Se nacionalizarán todas las empresas de telecomunicaciones.
También se creará, bajo la órbita del gobierno nacional, el ente regulador de internet, con el objeto de que los contenidos de la red respeten el interés nacional.
El futbol, el automovilismo, el box, el tenis, el hockey, el rugby y demás actividades deportivas serán declaradas de interés cultural y por lo tanto serán gratuitas.
La salud será una e igual para todos. Se nacionalizarán las obras sociales sindicales y se expropiarán las empresas de medicina prepaga. Los honorarios médicos, las tarifas de los sanatorios privados y los precios de los medicamentos serán establecidos por el ministerio de salud de la nación.
Estas son las primeras medidas que tomará la doctora Cristina Elisabet Fernandez de Kirchner al comenzar su tercer periodo de gobierno, a partir del 10 de diciembre de 2015.