A los liberales nos falta épica. ¿Es
que las ideas de la libertad y la sociedad abierta no alcanzan para seducir a
las masas? ¿Es que a las masas no les interesa dejar de serlo para valorar la individualidad
de cada una de las personas?
Toda la solidez de las ideas
económicas y políticas del liberalismo desarrolladas al detalle por los think
tanks no alcanzan para seducir a la población que sigue abrazada a los
colectivismos de moda.
Perdemos en la arena pública
frente a ideas tan falsas como deletéreas de la cohesión social imprescindible
para establecer ámbitos de tolerancia y respeto mutuo que nos permitan crear
una sociedad abierta más alerta a las oportunidades que a las amenazas.
Nos vencen todos los días los que
pregonan las falacias de ver enemigos del pueblo por todos lados: el capital,
el machismo, los Estados Unidos, el FMI, los ricos, los especuladores, los
empresarios, los supermercados, los medios hegemónicos, etc. La lista puede ser
infinita.
A los humanos nos convoca el
instinto tribal, nos sentimos mejores si enfrentamos a otro, aunque se trate de
un fantasma. Es mucho más fácil cargar en los demás la culpa de nuestro fracaso
individual que aventurarnos al éxito incierto.
Nuestra filogénesis por la
aversión al riesgo nos inclina más hacia la competencia que a la cooperación.
En la Argentina la confrontación ha sido llevada al paroxismo. El estado lejos
de ser árbitro de los conflictos es el coto de caza de los que buscan aprovecharse
del esfuerzo ajeno.
Los liberales conocemos muy bien
los males que ha acarreado el pensamiento colectivista. Pero no sabemos cómo
confrontarlos. Seguro no es encerrados en la academia, aunque sea muy necesaria
para cultivar los pensamientos. Pero los pensamientos cultivados deben exponer
sus frutos ante la sociedad.
Hoy, algunos liberales -casi todos economistas- exponen
sus protestas contra el sistema en los medios masivos, que siguen siendo los
preferidos para el público para informarse. Pero eso no alcanza para convocar a
la sociedad al cruce del Rubicon.
Para eso hay que hacer política,
sea o no por medio de partidos políticos. Hacer política es crear una visión de
futuro, adicionar acción a las ideas.
La tarea es titánica. Las escuelas
están cooptadas por el adoctrinamiento liberticida. Basta con explorar el
contenido de un manual de quinto grado de la escuela primaria para notarlo. Las
relaciones laborales tienen regímenes legales anacrónicos. Los empresarios
buscan mantener privilegios antes que desarrollarse. El orden jerárquico con el
que manejan sus empresas tampoco contribuye al mejoramiento de los individuos
que trabajan en ellas.
He visto encuestas en las que la
mayoría de la población supone que el estado debe resolver sus problemas. Pero
lo más preocupante es que esa proporción es aún mayor entre los menores de 35
años.
Algo más debemos hacer por la
libertad que escribir notas como esta.
Nos sirvieron en bandeja la experiencia venezolana para mostrarles y enrostrarles de lo que es capaz el colectivismo y somos demasiado tibios en mostrarlo al mundo.
Sabemos que el miedo muchas veces es el mejor motivador pero no lo usamos para no ser tildados de oportunistas.
Pero este partido es por nuestra vida y por la de nuestros hijos. Tendremos que aprender a usar las armas de nuestros adversarios.
Nos sirvieron en bandeja la experiencia venezolana para mostrarles y enrostrarles de lo que es capaz el colectivismo y somos demasiado tibios en mostrarlo al mundo.
Sabemos que el miedo muchas veces es el mejor motivador pero no lo usamos para no ser tildados de oportunistas.
Pero este partido es por nuestra vida y por la de nuestros hijos. Tendremos que aprender a usar las armas de nuestros adversarios.